La herida que Dios ve
Una tormenta no demuestra que salimos de la voluntad de Dios. La esperanza bíblica puede llorar, preguntar y aun así permanecer delante de Dios.
La verdad que nos sostiene
Podemos despertar a Jesús con preguntas honestas sin olvidar que está en la barca. Recordar el carácter del Señor ensancha la mirada cuando el problema ocupa todo el horizonte.
El paso que la fe nos pide
La paz más profunda nace al descubrir quién es Cristo, no solo al ver calmarse el agua. Esperar también significa cuidar el siguiente paso mientras confiamos a Dios lo que todavía no cambia.
Llamado para hoy
Nombra delante de Dios aquello que amenaza tu esperanza y vuelve a apoyar el corazón en su fidelidad. Dile a Jesús qué amenaza tu barca y pídele que revele su presencia antes, durante y después de la tormenta.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.