La herida que Dios ve
Jesús recibe una fe que no sabe expresarse con perfección. La gracia nombra la herida con verdad, pero se niega a convertirla en nuestra identidad definitiva.
La verdad que nos sostiene
La impotencia puede convertirse en oración cuando dejamos de aparentar control. Dios se acerca antes de que tengamos todo resuelto y nos enseña a caminar desde lo recibido, no desde la vergüenza.
El paso que la fe nos pide
El poder no está en el tamaño de nuestra confianza, sino en la persona a quien acudimos. El nuevo comienzo se vuelve visible en una decisión pequeña, honesta y sostenida por la comunidad.
Llamado para hoy
Deja de negociar con Dios desde la culpa y responde a la gracia con un paso concreto de regreso. Trae a Jesús la frase que más te cuesta creer y ora sin máscaras: creo; ayuda mi incredulidad.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.