La herida que Dios ve
El llamado comienza en la iniciativa de Dios, no en una autoestima inflada.
La verdad que nos sostiene
Reconocer límites es sabio; usarlos para desobedecer puede convertirse en refugio del temor.
El paso que la fe nos pide
La presencia de Dios no elimina toda dificultad, pero impide que la enfrentemos solos.
Llamado para hoy
Cambia “no puedo porque…” por una oración: “Señor, si me envías, acompáñame y enséñame”.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.