La herida que Dios ve
Cada hogar termina sirviendo algo: la imagen, el éxito, el temor o al Señor. Dios recibe nuestra fragilidad y no exige una apariencia de fortaleza para acercarnos.
La verdad que nos sostiene
La fe familiar se transmite mejor con coherencia que con discursos. Perseverar es regresar una y otra vez a la verdad cuando las emociones cambian.
El paso que la fe nos pide
Decidir juntos no elimina conflictos, pero establece el lugar al que volveremos cuando aparezcan. La constancia crece mejor con descanso, oración y personas que nos recuerdan por qué seguimos caminando.
Llamado para hoy
No intentes resolver toda la temporada hoy; recibe fuerzas para el siguiente acto de fidelidad. Conversen sobre una práctica sencilla que ayudará a su hogar a recordar esta semana a quién pertenece.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.