La herida que Dios ve
La misericordia de Dios nos da valor para decir la verdad completa. Reconocer el dolor no contradice la fe; evita que la herida gobierne desde la oscuridad.
La verdad que nos sostiene
El arrepentimiento no es despreciarnos; es permitir que Dios limpie lo que no podemos reparar solos. La presencia de Cristo ofrece dignidad, verdad y compañía mientras la sanidad avanza a su ritmo.
El paso que la fe nos pide
Un corazón restaurado vuelve a encontrar gozo, firmeza y disposición para obedecer. Pedir ayuda pastoral, comunitaria o profesional puede ser una expresión de humildad y sabiduría.
Llamado para hoy
Permite que Dios encuentre la parte de tu historia que todavía duele y busca una compañía segura para el proceso. Abre delante de Dios aquello que has protegido con excusas y pídele no solo perdón, sino un corazón renovado.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.