La herida que Dios ve
La presencia de Jesús no nos obliga a negar lo que duele. Reconocer el dolor no contradice la fe; evita que la herida gobierne desde la oscuridad.
La verdad que nos sostiene
Aunque no entendamos sus tiempos, podemos llevarle el reclamo que nace de un corazón herido. La presencia de Cristo ofrece dignidad, verdad y compañía mientras la sanidad avanza a su ritmo.
El paso que la fe nos pide
La resurrección de Cristo abre un futuro mayor que la pérdida que hoy parece definitiva. Pedir ayuda pastoral, comunitaria o profesional puede ser una expresión de humildad y sabiduría.
Llamado para hoy
Permite que Dios encuentre la parte de tu historia que todavía duele y busca una compañía segura para el proceso. Permite que Jesús te encuentre junto a la tumba de lo que perdiste; llora con Él y vuelve a escuchar su promesa de vida.
Oremos
Señor Jesús, lleva esta palabra más allá de mi entendimiento. Consuela, corrige y dame valor para responder con una obediencia sencilla. Amén.